jueves, septiembre 20, 2007

Reunión Anual Salieri - Tercera Parte

Antes de la hora prevista para el inicio de la reunión, salí del cuarto con sigilosa prevención. Helga no estaba a la vista, pero creí oler el relente de su perfume importado. Aumenté la precaución, caminando muy lentamente sobre la alfombra mullida. El pasillo se abría en cruz a medio camino de la escalera que llevaba a las oficinas de El Bruche y a la recepción. Una puerta abierta antes de la escalera -una especie de habitación de servicio- me dejaba oír las voces de varias personas, relajadas pero quedas. Eran las "edecanes", entre las que seguro estaba mi carcelera.
Intenté escuchar con detalle, pero sólo captaba palabras aisladas: "Chinita", "Implementos", "Enanos". Iba escuchando cada vez más a medida que llegaba al cruce de pasillos. "Ese tarado de Fender la quiso tocar dos veces a Helga..." y largas risas contenidas.
Con mucho cuidado para no hacer ruido, doblé hacia la derecha, alejándome del riguroso control de la alemana. A medio trayecto del nuevo pasillo vi que éste llevaba a un gran salón, del que sólo veía una enorme y recargada araña colgada del techo, a varios metros de altura. Llegué a otra escalera y descendí con sigilo.
El salón era casi redondo. Tenía unos treinta metros de diámetro y estaba acortinado en todo el perímetro.
Agachado detrás de un sillón, intenté escuchar para saber a qué me enfrentaba. Alguien estaba acomodando grandes cajas, de espaldas a mí. En el momento en que intenté asomarme y ver algo más, sentí un golpe no muy fuerte en la nuca. El mundo se apagó un poco. La araña del techo llenó mi campo visual. La estaba viendo desde abajo.
Un segundo después (o bien, una hora) desperté en un sillón. Helga me miraba con gesto reprobatorio. Verificó mis signos vitales, limpió con gesto materno la baba que caía de mi comisura labial y me dio un vaso de agua para que bebiera.
"¿Está bien?", y fue más una afirmación que una pregunta.
Me indicó el equipo en el piso. "Ése es parte del 'Second Unit' de Scorcese. Un equipo lo asistirá en el uso de los equipos, pero usted será mi cameraman. Y yo, su Directora". Hasta sonó con mayúsculas. Su mirada era seria y supuse que no admitía retruques.
Era una steadycam. Maldición. Ahora entendía: con el arnés y los contrapesos, lejos iba a estar de poder participar. Mierda. Odié al mundo, otra vez.
La gente del estudio me fue poniendo las correas, los cables, y por último, el complicado sistema de pesas y arneses para la cámara. Cuando vio que parecía un transformer, Helga desapareció tan imperceptiblemente como había aparecido.
Sonaron unas fanfarrias, y se apagaron las luces. Mi cámara tenía una sensibilidad asombrosa. Podía detectar las sombras, proyectadas por las ventanas tras las cortinas, en el medio de una oscuridad que parecía densa para el ojo humano.
Se fueron prendiendo velas, alrededor del salón circular. Pude ver que estaba lleno de camastros, almohadones, arneses, mesas quirúrgicas. Una de las paredes tenía un enorme bastidor del que colgaban implementos sexuales de todo tipo. Había algunos de los que no podía adivinar su función. O sí, y me estremecía.
Fueron apareciendo, por distintas puertas, todo el clan Salieri: María, Feehitoo, Zorra, Paco, Chinita, Guillex, Naty, Tequesta, Ana, Caro. El Bruche aún se hacía esperar.
A intervalos regulares, había bellas muchachas y efebos, casi desnudos. Zorra no aguantó la espera y se acercó a un enorme negro de casi dos metros. Se puso a jugar con el bulto de su tsunga, con expresión de gozo.
El Bruche apareció, por fin, en una especie de estrado.
"Queridos hermanos Salieris... hemos podido por fin hacer realidad el... sueño del hogar propio..."Sonaba sofocado, extrañamente inconexo. "Esta será... nuestra casa de juegos. Cada uno... cada uno de ustedes será... será... será responsable de poner sus fantasías en acción. Sólo... uffff... solo tienen que pedirlo. Dejo inaug... inaug...", un hilo de baba colgaba de su boca. Con mi cámara pude verlo claramente. Gotas de transpiración se le formaron en las sienes.
"¡INAUGURADAAAA!", gritó sofocado, "¡Sí, sí, sí, MIERDA! ¡Inaugurada ésta casa, CARAJOOOO!, y se desplomó sobre el estrado.
De abajo del mismo salió Helga, lamiéndose los labios, hierática. Me levantó una ceja, a la distancia, como única muestra de zozobra.
Una risa generalizada comenzó la jauja. En cuanto intenté hacer foco sobre Zorra, ya tenía la enorme virilidad del morocho entre los labios. Creo que no esperó a que El Bruche terminara el discurso.
Feehitoo y Paco discutían sobre quién se acostaría con Naty. Ésta, riéndose les dijo "no se peleen que hay para los dos. Y para más también".
Las acciones empezaron con fruición. Guillex se entretenía con Caro, mientras Ana, Chinita y Tequesta hacían un terceto que iba evolucionando en posiciones y giros. Me concentré en ellos, tomando algunos planos. Estaba encontrándole el gustito, pero caliente como un géiser, tenía la cámara totalmente impertinente. La tercera vez que me interpuse entre Tequesta y alguna chica me tiró una piña que alcancé a esquivar con pericia, por lo que me alejé unos cincuenta centímetros.
Sin verla, sentí el perfume persistente de Helga, quien seguro me supervisaba de cerca.
En un momento me tocó con delicadeza el hombro, señalándome el intercomunicador que tenía conectado ella misma. Me sonrió con simpatía. Ya estábamos como chanchos.
"A partir de ahora, me hará caso a mí. Seré su directora, recuerde", ordenó.
Me encogí de hombros. Mi cabeza estaba hirviendo. La de abajo, claro. La de arriba, como siempre, no servía para nada en ese estado. Sentí la voz de contralto de la alemana por el intercomunicador, acostumbrada a mandar:
"Hay una pareja a su izquierda", -eran Naty y Feehiito, Paco estaba desmayado, con un visible chichón en el parietal derecho- "tome plano largo. Detenga. Tome el pezón izquierdo. Derive al derecho. Siga la mano del masculino. Vaya a su izquierda. Aléjese. Más. Bien. Dos pasos hacia atrás, uno a la derecha".
La turra estaba centrándome detrás de la pareja, justo delante del desagradable culo de Feehiito. Estaban en plena faena. Noté con el ojo que no tenía el visor de la cámara que Paco se despertaba de a poco, tomándose el área golpeada.
Mein Directora puso casi al alcance de la mano del golpeado Paco un anal plug, con la efigie de George Bush.
"A la derecha, Sr. Fender. Tome al Sr. Paco. Siga su mano derecha".
Era evidente que conocía el espíritu humano. Paco se despertó y, entre ayes de dolor, vio a Naty cabalgada por Feehitoo, a escasos dos metros de él. Llamó su atención el anal plug que Helga había puesto estratégicamente cerca de él, y se sonrió malévolamente.
Se escurrió, dando un rodeo por detrás mío y lo perdí de vista. Al rato, mientras Helga me mantenía shoteando el desagradable culo de Feehiito subiendo y bajando, una rubia vestida con un catsuit animal print, se acercó a la pareja. Acarició la pierna de Feehiito, la nalga, la espalda. Sigo sus manos. Acariciaba un poco torpemente.
"Uhh, papito, que espalda musculosa", dice entre seseos.
"¿Será un travesti?", me pregunté. "¡Es Paco!", solté apenas audible.
"¡Shhh!", me chilló el comunicador.
El travestido Paco se coloca en cuclillas detrás de Feehiito. Acaricia la baja espalda con la mano izquierda. Me muevo hacia la derecha, por una indicación imperiosa de Helga, para tener mejor ángulo. Sospecho qué va a pasar. Helga, imagino, se debe estar mordiendo el labio. Tal vez se estará excitando, la muy perra. Todo es idea de ella. Y Feehiito no tiene la menor idea de lo que va a pasar. En un envión, relaja las nalgas. Seguramente, está cerca del orgasmo.
Paco hace un movimiento rápido: con la mano izquierda abre uno de los cantos, con la otra apunta a George Bush al ano del amante. Está completamente embadurnado de algo aceitoso. No creo que sea lubricante.
Cuando Feehiito siente la manipulación en su orificio anal, se detiene un poco, mirando de reojo.
Naty, ajena a todo pero no a la inoportuna detención del vaivén, le gritó, dulcemente:
"¡¿DALE, MARICÓN, O QUERÉS QUE LO BUSQUE A PACO?!"
Acicateado, Feehiito arrancó con todo, como un verdadero pistón humano.
Paco, detrás de él, contaba cada vez que Feehiito sacaba el culito para afuera.
"Uno... Dosss... ¡TRES!"
"¡¡¡¡AAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!! ¡¡Hijo de puta!!"
Retorciéndose e intentando sacarse a George del ano, se salió de Naty. Paco, rápidamente, abrió su catsuit, revoleó la peluca y se tiró encima de ella. Hice una finta y pude abarcar en primer plano a Feehiito reptando en el piso entre ayes de dolor y a la nueva pareja garchando como poseídos. Cambiando el foco, iba de uno a otro: del dolor de Feehiito a la cara de placer de los tórtolos.
Noté que Helga no me hablaba ya, pero escuchaba por el intercomunicador unos gemidos. Estaba esperando eso.
Giré y la vi. Tres enanos la habían abordado. Cada orificio estaba siendo atendido a conciencia. No había soportado más la excitación. Ver el sufrimiento de Feehiito la calentó como a una tetera en el palacio de Buckingham a las cinco de la tarde.
Me quité el arnés, con dificultad. Sabía qué haría ahora, pero tenía que entrar en la oficina de El Bruche, y no parecía empresa fácil.
Salté por sobre Zorrita; que había dejado al negro exhausto, tirado en el piso y con cara de felicidad, y se entretenía con una buena cantidad de juguetes. Ni me vio.
Subí la escalera que llevaba al pasillo, pues no conocía otro camino. La alfombra amortiguaba mis pasos, alejándome de la "sala de juegos".
Llegué hasta el office desde el que había escuchado reírse de mí al personal de servicio. Estaban todos abajo, vaya a saber haciendo qué. Pude inspeccionar con comodidad. Encontré un aparador con las llaves de todas las puertas. Un sueño. No tenían identificación, pero las de la oficina de El Bruche eran las más tecnológicas. "Qué obvio", me dije.
Salí de allí directo a la oficina del jefe. Abrí la puerta fácilmente y la cerré. El monitor de 24 pulgadas extrachato estaba encendido, así que no tuve que prender ninguna luz.
Exploré el escritorio, después la agenda. Busqué el día del cumpleaños de Caro, y encontré 3d4i6i6d. "Sos un maldito sentimental, Bruche y perdiste por eso", me dije.
Fui hasta la caja fuerte y la abrí sin problemas. Dinero -mucho-, algunas sustancias no muy santas, papeles -seguramente importantes- y, al final, dí con el voucher con todo lo necesario -pasajes, más dinero y diferentes identificaciones, algunas de las cuales decían All Access, dentro de un sobre que decía Premio Salieri-. Metí todo el dinero que encontré adentro del sobre.
No lo pensé más. Había ido a buscar eso, y eso me iba a llevar. Ahora, que se diviertan todo lo que quieran a mis costillas.

Helga -sin querer- había azuzado mis reflejos. Por eso la sombra que a mis espaldas intentó pegarme en la nuca erró torpemente el garrotazo.
Me estaba cansando de los golpes.



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martes, julio 10, 2007

Reunión Anual Salieri - Segunda Parte

Entrando por un puerta a la izquierda aparecieron Naty y María. Intentaron saludar, pero al verme se tentaron y estallaron en carcajadas. Sus risas me cayeron en el escroto. Estas se iban a enterar, como dicen los gallegos.
"Hola, gente", dijo María, intentando ponerse seria. Dirigiéndose al Bruche: "Llamaron los enanos y pidieron un extra para el Viagra. Me pareció bien, porque algunos van a estar al pedo esta noche, y faltan hombres". Me miró de soslayo.
Ignorando la ironía, me levanté del incómodo sillón de diseño europeo.
"Me voy a dar una ducha caliente y a cambiar de ropa. ¿Me pueden decir dónd..."
Bruche me interrumpió con otra señal del habano, tocó un intercomunicador y aparecieron tres conejitas de Playboy, con algo así como una cofia de tocado y una "falda con delantal" que no era ninguna falda con delantal. Tenían las tetas al aire, como corresponde.
Suspiré.
"¿Estas seguro son licenciadas en Administración de Empresas, no?", pregunté con sorna.
"No, estas no. Estas son sexólogas, expertas en sexo tántrico, fellatios y en largos orgasmos. La rubia es dominatrix, a pedido"; hizo una nueva seña, señalándome con el habano una especie de Valquiria gigante, que subida a sus tacos medía casi un metro noventa, con fuertes brazos y que detentaba una sonrisa vítrea y la vista glacial de quien calcula cuan pocos latigazos irá a soportar uno.
Tragué saliva.
"Igual, todo el personal está avisado que estás en cuarentena, y tu edecán -señaló otra vez a la rubia- te va a tener controlado", dijo Bruche cuando salía detrás de mi edecán-carcelera, quien me hizo un ademán para que la siga. Me detuve para decir algo, pero desistí.
Escuché risas cuando creyeron que estaba lejos. Malditos.
La rubia caminaba delante mío. Tenía unas curvas que sacaban el aliento, y empezaba a pensar que unos latigazos no me iban a venir mal. Cuando llegamos a la puerta, Helga se paró firme, la misma sonrisa helada, los pechos enhiestos casi a la altura de mi cara. No pude tolerar la tentación: me tiré encima de ella. Bah, eso quise hacer, pero terminé besando la alfombra, con el brazo anudado a mi espalda en una extraña posición, como si tuviera una bisagra más (que de hecho, no tenía).
"¡Ouch!", me quejé despacito.
Helga soltó el brazo, me levantó de la solapa y me dijo "La próxima vez que intente tocar sin preguntar, se va a llevar una sorpresa. Sé hacer doler en lugares tan íntimos, que pensará que ser eunuco es bueno..."
Nunca dejó de sonreír, la muy turra.
Abrí la puerta, un tanto agitado y con el hombro dolorido.
Helga fue al baño, abrió la canilla de la bañera.
"¿Puedo desvestirlo, señor?", preguntó como si nada hubiera pasado, desde del baño, a través del vapor que ya se esparcía. Su voz hasta pareció dulce.
"No, no hace falta".
"Está bien. Esperaba que dijera eso", dijo con seriedad y dándome a entender que me hubiese ido mal si hacía otra cosa.
Entré al vapor del baño. La nívea piel de Helga se perlaba con gotitas de condensación. Giró y se puso de espaldas, agachada en una pose demasiado provocativa, buscando toallas. El hilo dental de su tanga era una estúpida excusa, nada más.
Hice un movimiento rápido, intentando tomarla de las ancas, fuera de mí -otra vez.
No sé que pasó. Sentí que mi cabeza golpeaba en el fondo de la bañera, casi llena. Intenté gritar de dolor cuando el brazo aparentemente inauguró un nuevo gozne, a instancias del giro contra natura que le proponía la rubia.
No pude gritar, porque me tragué la bañera entera. Lo siguiente que recuerdo es oscuridad.
Me dí cuenta que tenía los ojos cerrados e intenté abrirlos. Dos pechos enormes saludaban, mientras una boca carnosa se cerraba sobre la mía. La rubia estaba haciendome respiración boca a boca, y había perdido el sentido.
Aún no lo había recuperado del todo porque intenté tocar un pecho.
Con una rapidez inhumana Helga me tomó de la muñeca, se separó de mi y me volvió a torcer el brazo. Habría que explicarle que, movidas en ciertos ángulos, las articulaciones duelen. Y que hacerlo varias veces lo hace mucho más doloroso, cada vez.
No, ella lo sabía. Maldita rubia. Encima sonreía.
Se fue dejándome tirado en el piso, escupiendo el agua tragada sin más consideración.
Desde la puerta dijo "A las ocho de la noche lo espera Herr Bruche en su oficina. Esté listo".
Me recuperé. El brazo me dolía desde la clavícula hasta la falange final del dedo corazón.
Suspiré. Maldita sea, pensé, habrá que quedarse en el molde.
Cuando terminé el baño de inmersión, encontré sobre la cama mi disfraz. Una sotana.
"Je, que ocurrente y original".
Miré la hora. Las cinco. Faltaba un rato para mi cita con "Herr" Bruche, así que me dispuse a recorrer nuestra mansión.

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jueves, junio 21, 2007

Reunión Anual Salieri. Primera Parte

Recibí esta extraña carta en mi buzón norteño:

Estimado Fender San Gebiet:
Intimo su presencia el próximo jueves 14 de julio en la Mansión Salieri, cita en...

"Uff", me dije, "el Bruche se tiró la guita de la novela en una casona. Se ve que venderla a los rusos como novelón para la siesta sibérica dio sus frutos. Y no me invita, me intima... ¿Será que cuando escribió la misiva se había disfrazado de domador de ballenas -su última fantasía fetichista-, o que eso de intimar le resulto más sugestivo? ¡Si es así, que lo intime a Feehitoo, conchitumadre!"

Al asumir mi obligación, supe que tenía que informar a los altos mandos la existencia de esta nueva misión y requerir instrucciones. Mientras discaba, me pasó por la cabeza una escena lésbica entre Chinita y Caro. Uhmmmm...
"Demasiado fuerte, tengo que concentrarme. Un segundo, nada más. Bueh, dos."
"Má sí."
¡TUuuuT-TUuuuT-TUuuuT!
Me sacó de la ensoñación la canora y prístina voz de mi peor es nada:
Altos Mandos: ¿Mi amor? ¡Hola!
Yo: ¡Hola, amor! Justo estaba pensando en vos...
Altos Mandos: Uhmmm... No me jodas, seguro estabas pensando en la Scarlett, pero no te quedaba otra que llamarme a mi...
Yo: No, mi amor. Vos sabés que ella es sólo una distracción cuando estás lejos... Lo que a mi me gustaría es una menage a trois con ella y vos... y yo... y...
Altos Mandos: ¡Basta! Ahora me venís con eso, pero seguro vas a salir pidiéndome algo...
Yo: Esteee... Algo así: el Bruche me mandó una especie de invitación para una reunión en la Mansión Salieri.
Altos Mandos: Pero, nene, vos sabés que yo los quiero mucho a los chicos y que...
Yo: Sí, pero vos los conocés muy poco...
Altos Mandos: ¿Vos te creés que me chupo el dedo? No, nene. Pero las chicas salieris y yo nunca vamos a pelearnos por un salam... ehhh... por alguien tan lindo como vos.
Yo: ...
Altos Mandos: Y, nene, yo ya sabía. Me llamaron Naty, María, Ana, pidiéndome permiso para que te deje ir.
Yo: ¿Permiso? Pero si yo...
Altos Mandos: Si, dijeron que te iban a cuidar bien, que iban a controlar que sólo hicieras el papel medio boludo de voyeur y que te iban a devolver bien calentito...
Yo: ¡Qué me parió!
Altos Mandos: Si, andá, mi amor. Yo sigo viendo esta pelicula con Clive Owen... Uhmmm...
Yo: 'Ta que los parió!
Altos Mandos: Si, yo también te quiero...
TUUUuuuuuuuu....

Habiendo entendido que había una conspiración entre mi chica y las Salieris, me resigné. Por lo menos, no me iba a perder la fiesta.
Hice el bolso. Me quedé un rato mirando los implementos, dudando. Suspiré y me despedí de ellos.
Arriba del bondi me quedé dormido rápidamente. Soné con la reunión.
Naty, María y Ana se me acercaban, lujuriosas. Suaves gasas y tules ocultaban sus voluptuosidades, que se adivinaban infartantes. Me rodearon, me acariciaron. Me vendaron los ojos, mientras gemían y se tocaban entre ellas. Intenté agarrar alguna, estirando mis brazos, pero se me escurrían, con risas.
De vez en cuando, tocaba una curva sugerente, una teta generosa, un culo respingón.
Un pecho velludo...
¡¡¡Paco!!!
¡¡¡¡¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!
Me desperté sobresaltado, casi a punto de entrar en la terminal porteña.
"El café de estos bondis es alucinógeno ¡puta madre!"
En el andén me esperaban Guillex y Tequesta, llegados unos momentos antes y con las órdenes del Jefe de llevarme rápidamente a la Mansión.
"Jajajaja, boludo ¿así que no la vas a poner?", dice Guillex.
"Mierda, qué rapido viajan las malas noticias", digo yo.
"Mejor, más para nosotros..."-dice Tequesta- "si este pendejo no la pone, se muere ¡Jajajaja!"
"Si, vos verdugueame, pero cuando quieras ver todas las chicas me van a elegir el Rey del Sexo salieri..."
"¿Cómo es eso?" -pregunté.
"Hay doscientos mil dólares y un viaje a California para pasar seis días con Scarlett Johansson en el hotel más grosso de Hollywood de premio, para el que las chicas elijan como el Rey del Sexo", contestó Tequesta, sin poder contener las carcajadas ante mi creciente cara de pelotudo.
"Putaqueloparioputaqueloparioputaqueloparioputaqueloparioputaquel..."
En ese momento, obedeciendo una orden secreta del dramaturgo que gobernaba esta tragedia, suena mi celular (el ringtone personalizado -una "alegre" melodía de This Mortal Coil, uno de los grupos favoritos de mi corazoncito- me avisa que es ella quien me llama).

Altos Mandos: ¿Ya te enteraste?
Yo: Sí...
Altos Mandos: "JJjajajajajajjajJAJAjajJAJAJAJAJa...."

Apagué el celular con rabia. Me dejé llevar, en silencio y lleno de bronca, a la Mansión.
Llegamos después de un corto trayecto en taxi. A unos metros de Libertador, sobre una calle muy paqueta, digna de Merishuli en los mejores (o peores, depende de dónde se lo mire) tiempos de Mendez.
En cuanto entramos al suntuoso salón recibidor -que estaba siendo decorado con todo tipo de estatuas y pinturas alusivas elegidas, sin duda, por el exquisito (y calenturiento) gusto de Naty-, un Chippendale nos encolumnó hacia el office de El Bruche. Creo no equivocarme si digo que Guillex le miró el culito, en un momento.
Desde dentro llegaba su potente voz de cacique tehuelche, cual Patoruzú porno.
Me asomé a la puerta y ahí estaba: sudadera blanca, calzoncillos boxer de seda con motivos búlgaros sostenidos por tiradores. Medias tres cuartos, con sus correspondientes ligas y... ¡coquetas pantuflas rosas peludas! al final de sus peludas piernas, apoyadas displicentemente sobre un costosísimo escritorio de caoba lustrada.
Fumaba un habano con pomposidad y grandilocuencia, haciendo gestos y soplando con vehemencia, mientras hablaba por teléfono.
"...si, Chueco, están haciendo las cosas mal, viteh. Yo le dije al Cabezón y a Mario, el otro día, que les iba a explicar, si me daban un tiempo. No, este finde no puedo. Tengo un compromiso, la fiesta de inauguración de la Mansión. Aguantá, porque yo tendré guita para guardar y para repartir, pero tiempo, no tengo mucho. No, a la fiesta no te puedo invitar, es medio complicado, pero ¿cómo te explico? Araceli podría venir sin problema... Jajajaja, no te chivés, ya te va a levantar el aplazo. No a Villa tampoco lo invité, no te preocupes. Si, es un forro, si. ¡Chau-chau!"

Al verme asomado, me hizo señas con el habano Cohiba, que detentaba como un símbolo de su éxito.
"Pasen, che. Siéntanse cómodos ¿Fernet con coca? Como ven, no puedo más con los buscas estos, que me quieren sonsacar el secreto de mi éxito". Hizo una pausa y capto mi silencioso reproche. "Bueno, nuestro éxito. Por eso la Mansión, que será nuestro hogar murrero". Otra vez hizo un segundo de silencio, y me miró a los ojos: "Es decir, hogar murrero para algunos, para otros apenas un lugar donde cargar las pilas..."
Sus ojos buscaron la complicidad de los hermanitos macana, que festejaron con sendas carcajadas mi magra misión en la casa.
Como adivinando que me estaba resintiendo, Bruche cambió de tema:
"Hemos invitado a todos los salieris, y todos confirmaron. Va a estar divertido".
Miré un teléfono rojo que estaba en una hornacina de ébano con incrustaciones de marfil. Bruche siguió mi mirada. Se puso repentinamente serio.
"No, todavía no lo llamé. Lo tengo que agarrar desprevenido, sino inventa algo y zafa".
En ese momento, una secretaria en topless entró con cuatro Branca con coca, bien servidos. Esperamos en silencio que nos sirviera y se marchara.
"Tiene cuatro doctorados en física cuántica y está discutiendo con Hawking la curvatura del cosmos. Pero ¿tiene buenas tetas, no?"
Acordamos, y -ya con el Fernet-, la cosa de distendió más.
"Fen (ahora que era un empresario a lo Faena le gustaban los apócopes), te vas a encargar de todo lo que signifique registrar esta fiesta para la posteridad. En una Sociedad de Fomento hay libros de actas y secretarios para tal fin. Acá vamos a aprovechar que estás interdicto para la murra y te contraté un equipito de fimación, así hacés algo así, pero a lo Salieri. Scorsese protestó porque tenía que filmar la segunda parte de los Infiltrados con él, pero cuando le puse los tejos se quedó mudo ¡jajajaja!"

Continuará...


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