domingo, septiembre 24, 2006

Lo que el cine nos dejó


Mirar mucha televisión, como todo, trae sus consecuencias; si bien parece gratis, siempre terminamos pagándolo de alguna forma. Aunque no se asusten, nadie va a venir a cobrarnos en metálico los minutos invertidos en la caja boba (no, por ahora, a menos que le esté dando ideas a Suar y compañía), sino que el abuso de la pantalla chica, y la grande, puede acarrear ciertas prebendas difíciles de evaluar.

A la manera de Peter Sellers en "Desde el jardín", cuando pasamos nuestras largas horas embobados con el chupete electrónico vamos juntando un bagaje cultural subcutáneo que se va depositando lenta, pero inexorablemente, sobre nuestras conexiones neuronales. Persistentemente vamos adquiriendo una cultura, fotograma a fotograma, que muchas veces es más perenne que lo que nos enseñó la señorita Azucena en tercer grado.
Así sabemos, por ejemplo, que nunca hay que desesperar cuando tengamos que huir de algo que está por estallar, siempre explotará diez segundos después de que estemos a salvo. Y si se trata de armas, no importa que nunca hayamos visto una de cerca, el día que necesitemos disparar, nuestra puntería será perfecta; debe ser algo genético, imagino.
También en el paquete viene la información que si algún día el destino nos lleva a tener que investigar algún delito, lo primero que debemos visitar es al menos un club de striptease, además estar seguros que si en medio de la investigación debemos pilotear un avión en un aterrizaje de emergencia, siempre será fácil y sencillo si tenemos a alguien que nos dirija desde la torre de control.
En ese mismo orden, nuestro equipaje de información contiene datos sumamente importantes, como el hecho comprobado que el sistema de ventilación de un edificio es el refugio ideal; a nadie se le ocurrirá buscarnos ahí, además de ser un pasadizo perfecto para cualquier parte del edificio, incluidos terrazas y balcones.
Y si caemos en una guerra, nunca, pero nunca debemos enviar una foto nuestra a alguien que queramos; ésa es la única forma de no sobrevivir a la próxima batalla. Y si el enemigo es alemán, sabemos que no hace falta saber hablar el idioma de Goethe; poner un acento convincente nos permitirá hacernos pasar por un soldado germánico.
Otro dato que nos regalaron las tardes de sábado de super acción es que si visitamos Europa, no hace falta matarse buscando un alojamiento particular en París, ya que desde cualquier ventana podremos ver la torre Eiffel (y si giramos, el arco de Triunfo)

Tampoco necesitamos que nos expliquen que si nos dan una paliza no debemos emitir la menor queja, pero cuando nos curen suavemente las heridas habrá que gemir convenientemente. De igual forma, no nos deberá importar si nos superan en número en una lucha de artes marciales, siempre los contrincantes nos irán atacando de uno en uno, mientras el resto bailará a nuestro alrededor; eso sí, de forma muy amenazante.
Sin ir tan lejos podemos seguir beneficiándonos de las enseñanzas televisivas, cuando esta noche se nos antoje un sándwich de sardinas y dulce de leche, no prendamos la luz de la cocina; vayamos a tientas e iluminémonos sólo con la lamparita de la heladera, como indica el buen protocolo cinematográfico. Pero eso sí, si estamos en una casa encantada (¿quién no ha estado en alguna al menos una vez?) es totalmente imprescindible que sean las chicas las que vayan a investigar los ruidos extraños, de rigurosa ropa interior o al menos camisones semitransparentes.
Pero si de computadoras se trata, hay un abanico completo de fundamentos que no podemos dejar de lado, a saber:
a) Cualquier computadora, por más pedorra que sea, tiene la capacidad de desmantelar cualquier sistema de comunicaciones de cualquier civilización alienígena que pretenda invadirnos.
b) Nunca se usará la barra espaciadora, por más largo que sea el texto a tipear.
c) Todo sistema de alta tecnología, como los de la CIA o la NASA, siempre tendrá interfaces de usuario sencillas y fáciles de entender, hasta para un simio con mal de Parkinson.
d) Las contraseñas, por más que hayan sido programadas por genios criminales, podrán ser adivinadas en menos de cinco minutos, a menos que sean el nombre del gato del guarda de seguridad.
e) Para infectar una computadora con un virus devastador, solamente es necesario teclear “Cargar virus”.
Eso sí, nuestras sábanas siempre tendrán forma de L, para que cubran hasta las axilas a las mujeres y hasta la cintura a los hombres, los lápices labiales deberán ser a prueba de agua, casi todos los perros son inmortales, o por lo menos genios en potencia; si vamos al súper, de la bolsa siempre deberá asomar una tira de pan y nuestros fósforos deberán poder iluminar una catedral entera.
Ahora sí, podemos dejar un rato la compu y salir a caminar tarareando esa canción de moda, seguramente nos cruzaremos con muchísima gente que la conozca y la cante con nosotros, y si les damos tiempo, seguramente no sólo nos acompañarán con una sonrisa, sino que se unirán a nosotros en una coreografía perfecta de danza ciudadana.
Y sí, la vida es bella.

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