Yo no pedí ninguna pizza...

Y yo me pregunto, ¿Alberto Granados no estará podrido que lo visiten motoqueros?
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Un día Marcelo Lacanna abandonó a la buena de Dios a sus lectores, y en un arranque de rebeldía adolescente estos se confabularon formando una cofradía que honraría su memoria hasta su regreso. Cuenta la leyenda que volvería con cocos y cartas de Ricky Martin.

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El Bruche y Naty eran la pareja más sólida de los Salieris. Sus amigos los envidiaban. Sin embargo, Bruche tenía una amante desde hace unos días.
Un día, sabiendo que lo que hacía estaba mal, le pidió consejo al más criterioso (porque era el menos limado, no por otra cosa) de los salieris, Fehitoo.
Preocupado, Fehitoo le recomendó que tratara de decírselo de la manera más fácil de llevar para Naty, por ejemplo, cuando estaban a punto de hacer el amor y ella quizá lo entendiera mejor.
Así partió Bruche, lleno de dudas y no muy convencido (la verdad: el consejo de Fehitoo era medio pelotudo).
Llego a su casa, y Naty lo esperaba vestida (o desvestida) con un baby-doll negro, medias de red, portaligas y una larga boquilla con un cigarrillo rosa en la punta.
“Hola, mi negro. Hoy te voy a sacar hasta la última gota de murra que haya en ese cuerpo sexy y varonil, hummmm”, dijo Naty susurrándole en el oído, cuidando que sus labios perfectamente pintados rozaran el lóbulo de la oreja, provocando escalofríos en Bruche.
Bruche se puso colorado, pero tenía aún la consigna de Fehitoo en el mate:
“Naty tengo que hablar con vos, hay algo que te quier…” y quedo mudo, en cuando Naty se agacho y mordió su aparato genital a través de la fina tela del pantalón de cheviot.
“Ugggh…”, dijo mientras se le ponían los ojos en blanco.
Más adelantada la faena, Naty le dijo en broma: “¿Qué? ¿Qué me decías?”, haciéndose la canchera.
“Yo… yo…”, balbuceaba Bruche, mientras veía la seña impúdica que le hacia Naty desde la cama. Se abalanzó sobre ella, perdido de lujuria.
Estaban en plena furia sexual, cuando de repente tuvo un flash y recordó lo mal que estaba haciendo. Tenía una amante, y este engaño era peor aún.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, grito, tartamudeando:
“Na-Naty ¡¡¡TENGO OTRA!!!”
´¡Dale, metémela en el culo, por Dios!”
Ana3086 paseaba por el zoológico en su silla de ruedas. Iba hacia la jaula de los monos (quería ver si era cierto que se masturbaban impúdicamente), cuando de repente alguien grito:
“¡¡¡SE ESCAPÓ EL LEON, RAJEN TODOS!!!”, mientras un rugido que helaba la sangre se oía a lo lejos.
La gente empezó a huir, al principio no muy convencida, hasta que vieron a lo lejos al león acercándose al centro del zoológico.
Salían todos corriendo, y mientras lo hacían se ponían del otro lado de la verja, y les gritaban a los que iban saliendo: “¡El nenito, el nenito!”, y alguien que escuchaba agarraba a una pobre criatura olvidada en aquel desmadre. “La abuela, la abuela”, y otro se cargaba a una pobre anciana al hombro y la sacaba.
Ana venía remando con las ruedas lo mejor que podía, pero había quedado entre los más rezagados.
Alguien gritó desde afuera: “La paralítica, la paralítica”, y Ana, enojada y con la voz quebrada por el miedo y el esfuerzo, le contestó:
“¡PUTA MADRE QUE TE PARIO, DEJA QUE EL LEON SE COMA AL QUE QUIERA!”
Promediando la encuesta, la chica le pregunta:
“¿su mujer chilla cuando hacen el amor?”
“Si, bastante.”
“Y lo hace durante, después, antes...?”
“No, lo hace después, cuando me ME LIMPIO LA CHOTA EN LAS CORTINAS.”
Mientras tanto, en el salón de conferencias del hotel se llevaba a cabo una importante convención de enanos, con gente venida de todo el país, para discutir sus derechos.
Al cabo de algunas horas, los enanos estaban con ganas de ir al baño después de tanto café, te y agua mineral helada. Van a un cuarto intermedio, pero en el apuro, la mayoria salió por la puerta que daba a la piscina, en donde se encontraban de frente con María y Caro, absolutamente borrachas y frustradas por la falta de sexo.
"Disculpen, Señoritas, ¿me puede decir dónde está el baño?", les preguntaban a medida que salían.
Después de indicarle la ubicación -cada vez más enojada- al decimo enano, María se levantó histérica, a duras penas, gritando para el lado del lobby del hotel:
"¿Me pueden decir quién mierda fue el pelotudo que desarmó el metegol?"
Estaba Paco, Fender y Fehitoo intercambiando ideas sobre las mejores posiciones para fifar.
“¡La mejor es el 69!”, dice Fehitoo.
“¡No, a mí me vuelven loco la turca y la francesa!, contesta Paco.
“¡Ja! ¡No hay nada mejor que la del "rodeo", comenta sobrador Fender.
Los otros se miran asombrados y le preguntan en qué consiste.
“Fácil. Vos agarrás y le decís a tu mujer que se ponga en cuatro, y la atacás por atrás. Entonces le das hasta que se caliente bien, y entonces mientras la abrazas bien fuerte a la altura de las tetas, le susurrás al oído:
"No sabés como le gusta a mi secretaria que me la fife así".
“¡Si sos buen jinete y no se te escapa, es el mejor polvo de tu vida!”
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